Oración

Que alguien perdone al soldado
que acataba órdenes con los ojos cerrados.
Que alguien perdone al General, al Coronel
al Almirante, al Oficial, al Cabo.
Que alguien perdone al hombre
que se sentó a la mesa cada noche,
después de comprar con obediencia
su parcela de poder de cada día.
– Las manos impecables, el pan blanco
la mujer, los hijos. Y la sangre escondida
en un bolsillo del uniforme,
o en la guantera del Ford Falcon –
Que alguien perdone al policía, al delator,
al especialista en sufrimientos,
a su cómplice médico y al matón,
al conductor de coches o camiones,
que trasladaron tantos a lugares sin nombre,
al piloto, a la tripulación
que sembraron fosas de agua en la noche.
Que sea Dios quien los perdone:
el inefable Dios en que dijeron creer,
o las víctimas, si ellos así lo elijen.
Pero no la justicia. No la historia.
Que no los perdone la memoria
de la gente, y sobre todo, que jamás
reciban la gentil misericordia
de poder vivir en paz consigo mismo.

Victoria, BC. 4 de Enero del 2017

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